De la sostenibilidad a la competitividad

De la sostenibilidad a la competitividad

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Política de Competitividad, Guatemala 2032

Las tendencias globales indican que cada vez es más importante que las empresas adecuen su lógica comercial en el marco de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, que existan inversiones socialmente responsables garantizando de esta forma un desarrollo económico inclusivo y sostenido.

Aubrey Arsenio Guillén

revistaconstruccion@construguate.com

A raíz del crecimiento demográfico y los problemas medio ambientales; la sostenibilidad se ha convertido en un elemento indispensable para la competitividad, es decir, no se puede ser competitivo, si no se es sostenible. En virtud de ello, las empresas se enfrentan a un nuevo reto: encontrar modelos de inversión social que tengan impacto económico. En todo este espectro, la Responsabilidad Social Empresarial, juega un papel preponderante y a nivel global existen claras tendencias como la Estrategia de RSE adoptada por la Unión Europea, los Objetivos del Desarrollo Sostenible, el plan Visión 2050, Legislación Internacional como la ISO 2600, entre otros.

Se proyecta que, en 2050, 9 mil millones de personas habitarán el planeta tierra, de las cuales 6 mil millones habitarán en ciudades. Esto representa un desafío considerable para los estados y empresas. En virtud que se deberán preparar para afrontar los efectos del cambio climático y adaptarse al mismo. Asimismo, los países a través de instituciones fuertes y funcionarios capacitados, deben establecer las reglas de juego y procurar que las mismas sean claras y transparentes para garantizar sanos ecosistemas para la inversión y desarrollo empresarial.

“Temas como transporte urbano, vivienda social, acceso a la educación, energía, comunicaciones, agua y saneamiento, serán elementos a considerar en toda actividad comercial. En ese sentido, las empresas líderes  en el mercado serán aquellas que contribuyan a suplir con los retos globales.”

La innovación siendo uno de los elementos más importantes en la competitividad al igual que el desarrollo tecnológico, en el ámbito energético es otro de los ejemplo de competitividad y sostenibilidad. Esto en efecto que a través del cambio de matriz energética,  se produce energía de forma limpia y sostenible. Lo cual repercute en la reducción de huella ecológica y representa una mejora considerable en la huella hídrica.

Todo esto contribuye a que existan personas más sanas y prósperas, lo cual repercute en mejores trabajadores y mayor productividad a nivel empresarial.

Es necesario que las empresas vean la situación y retos sociales, económicos y ambientales actuales, y procuren construir un futuro sostenible a través de diversas estrategias como lo son: buenas prácticas laborales, gobierno corporativo, sistemas de cumplimiento del régimen legal, elaboración de reportes de sostenibilidad,  protección al medio ambiente en todo proceso productivo, incidir en la esfera de política pública, entre otras.

Oportunidades de negocio para el sector construcción

En el caso del sector construcción, existe un sinfín de oportunidades, ya que se estima que en los próximos 20 años, se necesitará una inversión en infraestructura de 10 billones de dólares, de los cuales más de un tercio se utilizarán para el desarrollo de  sistemas de transporte colectivo, generación eléctrica o carreteras. Aunado a ello, según el documento VISIÓN 2050, se necesitarán sistemas energéticos inteligentes y bajos en carbono, mecanismos de reducción y aprovechamiento de aguas residuales, e infraestructura de transporte.

En ese sentido, los Objetivos del Desarrollo Sostenible, dan una hoja de ruta para el desarrollo de este tipo de proyecto, especialmente el objetivo número 9: Construir infraestructuras, la inversión en transporte, energía, comunicaciones,  entre otras, son vitales para el desarrollo sostenible y la competitividad de todo país. Estos objetivos, se dan luego de la Conferencia Río+20, en donde los estados acordaron desarrollar una herramienta para centrar acciones coherentes en desarrollo sostenible. Esto en concordia con la Agenda de Desarrollo post 2015.

Aunado a ello, se encuentran las tendencias en sostenibilidad del Foro Económico Mundial del 2018,  así como distintas directrices a nivel internacional, en todo este contexto, será de suma importancia las estrategias que las empresas tengan en materia de Responsabilidad Social Empresarial, principalmente a través de sus siete ejes: a. gobernabilidad; b. comunidad; c. mercadeo; e. política pública; f. proveedores, y g. público interno. Ya que es por medio de esta estrategia, que la empresa adquiere un compromiso ante los grupos de interés y la sociedad en general, con el objeto de atender la problemática social y ambiental dentro de sus operaciones comerciales y las relaciones con sus proveedores.

Finalmente, se puede decir que las empresas que contemplen la sostenibilidad en toda su actividad productiva, serán más competitivas en un mundo cada vez más globalizado y en donde el consumidor es más educado, por ello al hablar de competitividad no nos podemos centrar únicamente en los costos de producción, sino más bien, es necesario hacerlo desde la visión de la economía del conocimiento, con el fin de agregar valor a los productos y servicios que como estado o empresa estén dando.

 

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